Obras

Surrealismo

En la década de los años 80 Porta Missé alcanza su madurez y estabilidad tanto personal como artística. Su vida se centra ya definitivamente en su domicilio del Paseo de Gracia de Barcelona, delante de La Pedrera de Gaudí. Aunque realizará frecuentes viajes a Madrid, Londres, Berlín, París, Chicago o New York y mantendrá un estrecho contacto con todas sus amistades del pasado, lo cierto es que su estudio del Paseo de Gracia se convertirá en el epicentro de su vida y de su trabajo.

La obra de Porta Missé se libera de cualquier tipo de influencia. A partir de esta época rompe con todas cadenas, con todas las corrientes artísticas e “ismos” del siglo XX, a excepción de una: EL SURREALISMO.

En realidad, Porta Missé ha sido surrealista desde siempre, es un surrealista innato. Como le definió perfectamente la catedrática de filosofía, Luisa López Gasteiz: “El artista Porta Missé es un pintor surrealista porque el hombre en cuanto tal, también lo es”. Sin embargo, tal como lo explica Maria Llüisa Borràs, la persona que más y mejor ha escrito sobre el artista, se trata de un surrealismo muy personal, claramente diferenciado del resto de artistas de este género. Porta Missé con su desbordante imaginación ha creado un mundo propio con seres y formas que solo él es capaz de ver. Efectivamente es así. Cuando vemos un cuadro de Porta Missé fácilmente lo podemos definir como surrealista, pero inconfundiblemente sabemos que es suyo porque “su obra no se parece a nada ni a nadie”. Porta Missé solo se parece a Porta Missé.

La obra de Porta Missé resulta extremadamente variada y refleja una personalidad vital y optimista. Colores vivos y elegantes que transmiten fuerza y positividad. Composiciones armónicas y equilibradas. Muchos de los cuadros son producto de su fascinación por la patafísica de Ionesco y Kafka, del dadaísmo, de lo absurdo, del misterio y la mitología. Frecuentemente se nos representan visiones “extraterrestres” que tienen poco que ver con el mundo real. Encontramos animales zoomórficos, pájaros, hormigas o cucarachas con estilizadas piernas y elegantes tacones. Fantásticos demonios (Asmodeus, Belzebu, Leviathan…) de cuernos prominentes y llamativos colores. Por el contrario, algunos de sus dibujos o lienzos son un claro reflejo de su preocupación por el mundo que nos rodea. Obras como “Polución”, “Ruanda” o “Virus” son un claro ejemplo de ello.

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La Diversión

Gracias a su extraordinaria habilidad como dibujante, dominio del color, buen gusto por la composición y, sobre todo, una sorprendente e inagotable imaginación, Porta Missé puede hacer y pintar cualquier cosa que se proponga, sin límites. No hace una pintura fácil y decorativa para conseguir el éxito comercial, aunque le emociona y estimula que su mensaje llegue y sea apreciado por el espectador. En definitiva, el trabajo de Porta Missé es absolutamente honesto, libre de ataduras, muy personal y consecuente con su forma de ser y sentir. Se deja llevar exclusivamente por su instinto y estado emocional del momento. Su pincel se mueve al ritmo que le marca su corazón.